España se proclamó campeona de Europa de fútbol sala al imponerse a Rusia en la final por 1-3. La Roja tiró de su orgullo de campeona para remontar el gol ruso de Pula, con un tanto de Sergio Lozano a treinta segundos que forzó la prórroga. En el tiempo extra llegó el decisivo tanto, otra vez de Lozano, y otro de Borja sobre la bocina para volver a reinar en Europa por sexta vez.
El fútbol sala tiene una magia especial. La Roja estaba contra las cuerdas en la recta final del partido. Rusia se había adelantado en el marcador. Pero por algo España ha sido campeona del Mundo en dos ocasiones y ha dominado desde siempre el territorio europeo a su antojo. Los hombres de Venancio López sacaron todo su orgullo para marcar un gol que forzó la prórroga. Llegó a treinta segundos del final. Cuando el tiempo expiraba. Pero los españoles nunca perdieron la fe en un partido que se había puesto muy cuesta arriba. En el tiempo extra, Sergio Lozano volvió a sacarse de la chistera todo un golazo. Marcó sus primeros goles del torneo en la final. Eso sólo lo hacen los grandes jugadores. Borja cerró desde su campo una victoria merecida aunque sufrida.
El choque comenzó con mucha igualdad. Los dos equipos jugaron a minimizar sus fallos. Los errores se pagaban muy caros. Los españoles llegaron con acciones de peligro pero faltaba puntería en los metros finales. Miguelín y Aicardo siempre estaban bien colocados. Cerca de la portería. Aunque no conseguían llegar por un suspiro para empujarla dentro.
Luis Amado mantuvo con vida a España
En la reanudación, Rusia apretó en campo español. En la primera parte, el conjunto ruso se había dedicado a mantener su orden defensivo. Aunque en los últimos veinte minutos decidió arriesgar. Sin embargo, Rusia se encontró con un gigante en la portería. Luis Amado mantuvo con vida a La Roja con paradas de todos los colores.
Los minutos finales se acercaban y los nervios atenazaban a los dos equipos. Hasta que Pula sacó un misil imparable. Parecía todo perdido. España apostó por el portero-jugador. No quedaba otra. Pero el portero ruso Gustavo ocupó su cuota de protagonismo con unas intervenciones prodigiosas. Hasta que Sergio Lozano armó su pierna y forzó la prórroga. Los de Venancio buscaron el gol pero el portero ruso seguía empleándose a fondo. De nuevo, Lozano disparó con su alma para dar el título europeo a España por sexta vez.
Los rusos apretaron hasta el final para buscar los penaltis, pero Luis Amado estuvo enorme. La suerte también sonrió a España con un disparo de Rusia que se estrelló en el palo. Borja marcó desde su campo en el último segundo. España sufrió. Pero valió la pena para mantener la hegemonía en Europa.
Victoria empate derrota
sábado, 11 de febrero de 2012
miércoles, 25 de enero de 2012
Así cae el Madrid
La profecía de los mayas de que el mundo se acaba en 2012 pudo cumplirse en el Camp Nou. Sí, el Real Madrid no ganó en Barcelona, pero tocó con los dedos de las manos una gesta que hubiese convertido a los jugadores blancos en futbolistas eternos. Estaba escrito el sino del Clásico, pero el guión enorgulleció al equipo de Mourinho, que respetó su historia y murió de pie diciéndole al Barcelona que puede mirarle a la cara. Ni lo intentó en el Bernabéu. En casa del rival, el madridismo sí reconoció a su equipo y no pasó lo mismo con el Barcelona, que no se vio el rostro ni en el espejo.
El Barça se fue al vestuario con la eliminatoria en el bolsillo, eso parecía, cuando pudo llegar sin cartera. Hasta cinco ocasiones claras tuvo el Madrid, pero no marcó y sí su enemigo, que se fue con un 2-0 con goles de Pedro y Alves, pero en el Camp Nou estaba el Real Madrid de siempre, no la mala copia de otras ocasiones. Los blancos necesitaban tres goles y no los hicieron de milagro. En cuatro minutos, del 67' al 71', Cristiano y Benzema pusieron el 2-2 y temblaron los cimientos de Can Barça. No se recordaba algo así desde tiempos de la peseta.
El Barcelona no fue el Barcelona, también por culpa de un Real Madrid orgulloso. Le temblaron las piernas. Corrió sin balón y temió a su rival, que despreció la derrota y besó su camiseta, blanca y limpia que no empaña.
La Virgen de Monserrat
A los diez segundos, con Pepe pisando el campo al lado de Ramos, Higuaín mandó un aviso a navegantes. Piqué, que todavía estaba atándose los cordones en la bocana, ni se enteró y el Pipa disparó desviado. Fue la primera de las muchas que se iban a suceder. Pinto sacó dos disparos que preguntaban si llevaba sotana, voló para ver más cerca un disparo desviado de Cristiano y sintió el temblor del larguero en un zurdazo magistral de un Özil maravilloso, alejado al margen en la mayoría de los anteriores Barcelona-Real Madrid.
El Barça perdió en el camino a Iniesta por lesión, pero el que entró al campo fue Pedro, que definió tan bien como estaba jugando el Madrid hasta ese momento. Los de Guardiola no tiraron a portería hasta el minuto 43, pero no fallaron. Sí lo hizo el equipo de Mourinho. El Barcelona tuvo de aliada hasta a la Virgen de Monserrat.
Messi salió de los tacos desde su campo y el Madrid sólo se preocupó de los focos, que alumbraban la figura de Leo. En la oscuridad, dentro del área, apareció Pedro, que recibió un pase señorial del argentino y batió a Casillas por bajo, pegado al palo. Iker ni se tiró. No la hubiese sacado ni con todos los brazos que tienen los pulpos.
El destino fue todavía más cruel con el Madrid en el último suspiro de la primera mitad. Lass se jugó la segunda amarilla, perdonada por Teixeira Vitienes, pero el castigo para los merengues fue mayor segundos después. Xavi botó la falta, despejó Lass y Alves no se lo pensó. Disparó con el alma y la pelota entró por toda la escuadra sin delicadeza. El obús hubiese aniquilado a cualquiera, pero no a este Real Madrid, no al Real Madrid de este miércoles.
Limpia y blanca
Los de Mourinho nunca se arrodillaron. Creyeron en el imposible y estuvieron más cerca que nunca de acabar con la hegemonía azulgrana. Cristiano acortó distancias a pase de Özil, en el 67', y Benzema volvió a batir a Pinto cuatro minutos después. Quedaba partido, un mundo, y al Barcelona le pareció un encuentro de una semana.
Los de Guardiola fueron tíos normales. Miraron el reloj con preocupación. Ramos, expulsado, se marchó antes de tiempo y al Madrid le faltaron segundos para cambiar el mundo. Este equipo desprecia la derrota, pero en Barcelona puso la primera piedra para enfrentarse de verdad con los que mandan. Así juega el Madrid.
delfin.melero@marca.com
Sígueme en twitter:
@delfinmelero
El Barça se fue al vestuario con la eliminatoria en el bolsillo, eso parecía, cuando pudo llegar sin cartera. Hasta cinco ocasiones claras tuvo el Madrid, pero no marcó y sí su enemigo, que se fue con un 2-0 con goles de Pedro y Alves, pero en el Camp Nou estaba el Real Madrid de siempre, no la mala copia de otras ocasiones. Los blancos necesitaban tres goles y no los hicieron de milagro. En cuatro minutos, del 67' al 71', Cristiano y Benzema pusieron el 2-2 y temblaron los cimientos de Can Barça. No se recordaba algo así desde tiempos de la peseta.
El Barcelona no fue el Barcelona, también por culpa de un Real Madrid orgulloso. Le temblaron las piernas. Corrió sin balón y temió a su rival, que despreció la derrota y besó su camiseta, blanca y limpia que no empaña.
La Virgen de Monserrat
A los diez segundos, con Pepe pisando el campo al lado de Ramos, Higuaín mandó un aviso a navegantes. Piqué, que todavía estaba atándose los cordones en la bocana, ni se enteró y el Pipa disparó desviado. Fue la primera de las muchas que se iban a suceder. Pinto sacó dos disparos que preguntaban si llevaba sotana, voló para ver más cerca un disparo desviado de Cristiano y sintió el temblor del larguero en un zurdazo magistral de un Özil maravilloso, alejado al margen en la mayoría de los anteriores Barcelona-Real Madrid.
El Barça perdió en el camino a Iniesta por lesión, pero el que entró al campo fue Pedro, que definió tan bien como estaba jugando el Madrid hasta ese momento. Los de Guardiola no tiraron a portería hasta el minuto 43, pero no fallaron. Sí lo hizo el equipo de Mourinho. El Barcelona tuvo de aliada hasta a la Virgen de Monserrat.
Messi salió de los tacos desde su campo y el Madrid sólo se preocupó de los focos, que alumbraban la figura de Leo. En la oscuridad, dentro del área, apareció Pedro, que recibió un pase señorial del argentino y batió a Casillas por bajo, pegado al palo. Iker ni se tiró. No la hubiese sacado ni con todos los brazos que tienen los pulpos.
El destino fue todavía más cruel con el Madrid en el último suspiro de la primera mitad. Lass se jugó la segunda amarilla, perdonada por Teixeira Vitienes, pero el castigo para los merengues fue mayor segundos después. Xavi botó la falta, despejó Lass y Alves no se lo pensó. Disparó con el alma y la pelota entró por toda la escuadra sin delicadeza. El obús hubiese aniquilado a cualquiera, pero no a este Real Madrid, no al Real Madrid de este miércoles.
Limpia y blanca
Los de Mourinho nunca se arrodillaron. Creyeron en el imposible y estuvieron más cerca que nunca de acabar con la hegemonía azulgrana. Cristiano acortó distancias a pase de Özil, en el 67', y Benzema volvió a batir a Pinto cuatro minutos después. Quedaba partido, un mundo, y al Barcelona le pareció un encuentro de una semana.
Los de Guardiola fueron tíos normales. Miraron el reloj con preocupación. Ramos, expulsado, se marchó antes de tiempo y al Madrid le faltaron segundos para cambiar el mundo. Este equipo desprecia la derrota, pero en Barcelona puso la primera piedra para enfrentarse de verdad con los que mandan. Así juega el Madrid.
delfin.melero@marca.com
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jueves, 19 de enero de 2012
El clásico entra en bucle
Jose Mourinho no optó por el plan A, ni por el B. Sacó el C, que incluía la presencia en el once inicial de Ricardo Carvalho, fuera de circulación desde finales de septiembre, y Hamit Altintop, un futbolista con un papel residual en la plantilla. En el centro, trivote, liderado por Pepe, con Xabi y Lass como escuderos. Y arriba, toda la pólvora que aún entraba: Cristiano, Higuaín y Benzema. Enfrente, un Barça que sólo presentó la novedad de Pinto con respecto al que conquistó Chamartín el pasado 10 de diciembre. Un equipo ajustado al guión habitual, posesión y paciencia, frente a un Madrid que volvía a adecuar el suyo al rival. Todo un resumen de los tiempos que corren.
El muro de Mou funcionó en el primer tiempo. Un tiro a puerta, un gol. Más allá del pleno, gol importante por la identidad de su autor, un Cristiano que se desató en una contra que colocó en la rampa de lanzamiento Benzema. El portugués encaró a Piqué, le amagó con un nudo y sacó un remate seco, con la izquierda, que pasó muy cerca de la pierna izquierda de Pinto. Más de un hincha del Barça se acordó de Valdés, aunque a partir de ese momento, curiosamente, el Madrid se olvidó de Pinto.
Tras el gol, el Barça inclinó de forma exagerada el campo contra la portería de Casillas. Los azulgranas se encomendaron a Andrés Iniesta, que le dio la noche a Altintop. La banda izquierda la mejor veta ofensiva de los visitantes, que desperdiciaron varias ocasiones para hacer el empate, y puede que algo más. La más clara, un cabezazo de Alexis al larguero tras un magistral pase de Cesc a la espalda de la defensa blanca. Además, apareció Casillas, que sacó dos remates venonosos de Iniesta y Messi. Iker sí estuvo, y el Madrid salió ganando de la comparación.
Con el paso de los minutos, el Madrid se fue mostrando progresivamente más incapaz de lanzar una contra en condiciones. Al trivote, además de toque, empezaba a faltarle el aire. Salvo otra combinación entre Cristiano y Benzema que abortó Abidal, no hubo noticias del ataque blanco, volcado siempre a la banda izquierda, donde Cristiano trataba de explotar su perfil más puro de velocista. En la recta final, el Barça aflojó el nudo, confiado en que el tiempo acabaría erosionando el dique local. Estaba cantado que así sería. Al Madrid apenas le alcanzaba ya para buscar el pelotazo, tan grosero como estéril.
El empate llegó de una de las muchas formas que la rutina de los duelos modernos entre ambos equipos ha convertido en previsible. Fue tras un saque de esquina, suerte que el Madrid defiende últimamente de forma penosa. Para completar el 'déjà vu', toque de Xavi y cabezazo impetuoso de Puyol, como en el 2-6, con Pepe echándose una siesta en el lugar equivocado.
El lamentable 'show' de Pepe
Tras el empate, el partido estuvo por unos instantes en el alambre. Iniesta volvió a probar la madera del Bernabéu, pero luego fue testigo directo de un buen centro de Altintop que Benzema cabeceó al palo. Entonces llegó el lamentable 'show' de Pepe. Primero, fingiendo una inexistente agresión de Cesc. Más tarde, pisando de forma cobarde a Leo Messi, tendido en el suelo tras recibir una falta. Una acción vergonzosa que, además, demuestra las cortas entendederas de Pepe. Messi, hasta ese momento, estaba pasando de puntillas por el partido. Una agresión así sólo podía motivarlo.
Así fue. Messi, de nuevo, estoqueó al Madrid, creando el gol de Abidal. Aún en su versión más gris, se hizo hueco ante Xabi y picó sobre la defensa del Madrid, en la que entró a cuchillo Abidal. El lateral francés celebró su reciente renovación con un gol que volvió a refrendar la superioridad del Barça sobre un Madrid que sigue sin dar con la tecla ante el eterno rival. Ni siquiera en la Copa, el último reducto del orgullo blanco. El torneo en el que, también, el Barça está a punto de quitarle la primacía.
Santiago Siguero
El muro de Mou funcionó en el primer tiempo. Un tiro a puerta, un gol. Más allá del pleno, gol importante por la identidad de su autor, un Cristiano que se desató en una contra que colocó en la rampa de lanzamiento Benzema. El portugués encaró a Piqué, le amagó con un nudo y sacó un remate seco, con la izquierda, que pasó muy cerca de la pierna izquierda de Pinto. Más de un hincha del Barça se acordó de Valdés, aunque a partir de ese momento, curiosamente, el Madrid se olvidó de Pinto.
Tras el gol, el Barça inclinó de forma exagerada el campo contra la portería de Casillas. Los azulgranas se encomendaron a Andrés Iniesta, que le dio la noche a Altintop. La banda izquierda la mejor veta ofensiva de los visitantes, que desperdiciaron varias ocasiones para hacer el empate, y puede que algo más. La más clara, un cabezazo de Alexis al larguero tras un magistral pase de Cesc a la espalda de la defensa blanca. Además, apareció Casillas, que sacó dos remates venonosos de Iniesta y Messi. Iker sí estuvo, y el Madrid salió ganando de la comparación.
Con el paso de los minutos, el Madrid se fue mostrando progresivamente más incapaz de lanzar una contra en condiciones. Al trivote, además de toque, empezaba a faltarle el aire. Salvo otra combinación entre Cristiano y Benzema que abortó Abidal, no hubo noticias del ataque blanco, volcado siempre a la banda izquierda, donde Cristiano trataba de explotar su perfil más puro de velocista. En la recta final, el Barça aflojó el nudo, confiado en que el tiempo acabaría erosionando el dique local. Estaba cantado que así sería. Al Madrid apenas le alcanzaba ya para buscar el pelotazo, tan grosero como estéril.
El empate llegó de una de las muchas formas que la rutina de los duelos modernos entre ambos equipos ha convertido en previsible. Fue tras un saque de esquina, suerte que el Madrid defiende últimamente de forma penosa. Para completar el 'déjà vu', toque de Xavi y cabezazo impetuoso de Puyol, como en el 2-6, con Pepe echándose una siesta en el lugar equivocado.
El lamentable 'show' de Pepe
Tras el empate, el partido estuvo por unos instantes en el alambre. Iniesta volvió a probar la madera del Bernabéu, pero luego fue testigo directo de un buen centro de Altintop que Benzema cabeceó al palo. Entonces llegó el lamentable 'show' de Pepe. Primero, fingiendo una inexistente agresión de Cesc. Más tarde, pisando de forma cobarde a Leo Messi, tendido en el suelo tras recibir una falta. Una acción vergonzosa que, además, demuestra las cortas entendederas de Pepe. Messi, hasta ese momento, estaba pasando de puntillas por el partido. Una agresión así sólo podía motivarlo.
Así fue. Messi, de nuevo, estoqueó al Madrid, creando el gol de Abidal. Aún en su versión más gris, se hizo hueco ante Xabi y picó sobre la defensa del Madrid, en la que entró a cuchillo Abidal. El lateral francés celebró su reciente renovación con un gol que volvió a refrendar la superioridad del Barça sobre un Madrid que sigue sin dar con la tecla ante el eterno rival. Ni siquiera en la Copa, el último reducto del orgullo blanco. El torneo en el que, también, el Barça está a punto de quitarle la primacía.
Santiago Siguero
miércoles, 18 de enero de 2012
Primer asalto por un lugar en las semifinales.
Después de siete Clásicos en menos de un año podemos afirmar que para ganar al Barcelona se necesita su colaboración. Y el Barça, en alguna medida, la ofrece. Digamos que en su enorme virtud se localiza una pequeña debilidad. El empeño por salir jugando, hasta cuando lo desaconseja el sentido común, presenta un riesgo que se multiplica con la presión del Real Madrid. No nos faltan los ejemplos. El gol que encajó en su última visita al Bernabéu (error de Víctor Valdés al querer imitar a Xavi) es la fiel representación de una obsesión que también alcanza al portero. La primera parte de la final de Copa supone la demostración más duradera. Durante 45 minutos, el Barça fue asfixiado por su rival sin que hiciera nada por salvarse. El patadón es pecado y, por lo que se vio en Valencia, pecado mortal.
Cuando nos referimos a la presión el concepto es amplio y no sólo físico. Al Barça se le presiona mordiendo, pero también jugando al fútbol. Así le superó, en tramos prolongados, el Madrid de la Supercopa y el de la vuelta de la pasada Champions. También aquel Madrid que en la pasada Liga supo colgarse del Bernabéu para igualar un gol de Messi, ustedes recordarán.
Mediocampo. Si profundizamos en la pizarra, cualquier análisis, por básico que resulte, reconoce la superioridad del Barcelona en el centro del campo. Y más que una superioridad numérica es una superioridad posicional, casi filosófica. Mientras el Madrid se maneja con medios tan ordenados que parecen atravesados por la barra de un futbolín, el Barcelona despliega una coreografía de la que participan Xavi, Busquets, Iniesta, Messi, Fàbregas y Alves. Y esto cuando no se arranca Piqué.
Considerar a Pepe como antídoto contra ese ballet tiene una parte de leyenda, pero también de verdad. Su presencia en el centro del campo incomoda mucho al Barça, casi tanto como empaña la imagen del Madrid. Pepe corta, pega y empuja a su propio equipo y al rival, nadie lo duda. Sin embargo, su reubicación descubre un preocupante sentimiento de inferioridad que no se habrá corregido en un año. Recurrir a Pepe es, en el fondo, como recurrir a Romerito, el mismo símbolo: el intento desesperado por combatir al eterno enemigo con algo distinto y ligeramente extravagante.
Habrá que aclarar, antes de proseguir, que Mourinho no dio pistas sobre su equipo. Sólo confirmó la convocatoria del renqueante Di María, que apenas tiene opciones de entrar en el campo. En otra de sus respuestas enunció todos los reproches que espera de la prensa si no gana el partido, lo que nos hace pensar que hoy, más que nunca, será fiel a sus instintos (no siempre lo ha sido en los Clásicos). Es decir, trivote con Pepe, Lass o Coentrao, según quede fijado el lateral derecho (no descarten a Ramos en esa posición). Y arriba, Cristiano, Benzema y tal vez Callejón, más intenso que Özil.
El Barcelona se entrenó en la tarde de ayer y en la mañana de hoy aterrizará en Madrid. Si no se esperan alteraciones reseñables en el once es porque Guardiola no tiene mucho donde elegir (están lesionados Fontàs, Pedro, Villa y Afellay; Keita se lo pierde por jugar la Copa de África).
La presencia de Pinto como guardameta copero es el único factor de distorsión en un equipo impecable. Y no sólo pesa sobre él la comparación con Valdés, también el gol de Cristiano en la final de Copa, foto que el madridismo utiliza a modo de estampita. La titularidad de Pinto es una concesión que jamás ofrecería Mourinho alineando a Adán. Otra vez el Barça como esclavo de su intachable filosofía.
Cracks. Apuntar que Messi no llega bien al partido parece tan peligroso como escupir contra los Alisios. Hasta en sus más desafortunadas visitas al Bernabéu ha resultado decisivo. No se puede decir lo mismo de Cristiano, también gris en los últimos encuentros. Su asignatura pendiente sigue estando en los grandes partidos en general y en los duelos contra el Barça en particular. Hoy podría ser su noche (ya le toca manifestarse), aunque le favorece poco que Mourinho le declare su favorito con tan escaso disimulo.
El último debate trasciende la Copa y se centra en sus posibles efectos. Según esa perspectiva, el Barcelona ve peligrar lo material: a esta Copa incierta tiene que añadir una Liga cuesta arriba. Lo que pone en juego el Madrid no es plata, sino ánimo. Si tampoco gana hoy sentirá que ya no puede ganar nunca. Y nunca es demasiado tiempo.
Juanma Trueba | 18/01/2012 AS.com
Cuando nos referimos a la presión el concepto es amplio y no sólo físico. Al Barça se le presiona mordiendo, pero también jugando al fútbol. Así le superó, en tramos prolongados, el Madrid de la Supercopa y el de la vuelta de la pasada Champions. También aquel Madrid que en la pasada Liga supo colgarse del Bernabéu para igualar un gol de Messi, ustedes recordarán.
Mediocampo. Si profundizamos en la pizarra, cualquier análisis, por básico que resulte, reconoce la superioridad del Barcelona en el centro del campo. Y más que una superioridad numérica es una superioridad posicional, casi filosófica. Mientras el Madrid se maneja con medios tan ordenados que parecen atravesados por la barra de un futbolín, el Barcelona despliega una coreografía de la que participan Xavi, Busquets, Iniesta, Messi, Fàbregas y Alves. Y esto cuando no se arranca Piqué.
Considerar a Pepe como antídoto contra ese ballet tiene una parte de leyenda, pero también de verdad. Su presencia en el centro del campo incomoda mucho al Barça, casi tanto como empaña la imagen del Madrid. Pepe corta, pega y empuja a su propio equipo y al rival, nadie lo duda. Sin embargo, su reubicación descubre un preocupante sentimiento de inferioridad que no se habrá corregido en un año. Recurrir a Pepe es, en el fondo, como recurrir a Romerito, el mismo símbolo: el intento desesperado por combatir al eterno enemigo con algo distinto y ligeramente extravagante.
Habrá que aclarar, antes de proseguir, que Mourinho no dio pistas sobre su equipo. Sólo confirmó la convocatoria del renqueante Di María, que apenas tiene opciones de entrar en el campo. En otra de sus respuestas enunció todos los reproches que espera de la prensa si no gana el partido, lo que nos hace pensar que hoy, más que nunca, será fiel a sus instintos (no siempre lo ha sido en los Clásicos). Es decir, trivote con Pepe, Lass o Coentrao, según quede fijado el lateral derecho (no descarten a Ramos en esa posición). Y arriba, Cristiano, Benzema y tal vez Callejón, más intenso que Özil.
El Barcelona se entrenó en la tarde de ayer y en la mañana de hoy aterrizará en Madrid. Si no se esperan alteraciones reseñables en el once es porque Guardiola no tiene mucho donde elegir (están lesionados Fontàs, Pedro, Villa y Afellay; Keita se lo pierde por jugar la Copa de África).
La presencia de Pinto como guardameta copero es el único factor de distorsión en un equipo impecable. Y no sólo pesa sobre él la comparación con Valdés, también el gol de Cristiano en la final de Copa, foto que el madridismo utiliza a modo de estampita. La titularidad de Pinto es una concesión que jamás ofrecería Mourinho alineando a Adán. Otra vez el Barça como esclavo de su intachable filosofía.
Cracks. Apuntar que Messi no llega bien al partido parece tan peligroso como escupir contra los Alisios. Hasta en sus más desafortunadas visitas al Bernabéu ha resultado decisivo. No se puede decir lo mismo de Cristiano, también gris en los últimos encuentros. Su asignatura pendiente sigue estando en los grandes partidos en general y en los duelos contra el Barça en particular. Hoy podría ser su noche (ya le toca manifestarse), aunque le favorece poco que Mourinho le declare su favorito con tan escaso disimulo.
El último debate trasciende la Copa y se centra en sus posibles efectos. Según esa perspectiva, el Barcelona ve peligrar lo material: a esta Copa incierta tiene que añadir una Liga cuesta arriba. Lo que pone en juego el Madrid no es plata, sino ánimo. Si tampoco gana hoy sentirá que ya no puede ganar nunca. Y nunca es demasiado tiempo.
Juanma Trueba | 18/01/2012 AS.com
martes, 17 de enero de 2012
El Athletic sueña con la finalísima
El vestuario, la grada y el entorno del Athletic respiran Copa por los cuatro costados y tan solo tiene en mente un objetivo, revivir la recordada finalísima de aquel 13 de mayo de 2009 en Mestalla contra el Barça, el episodio más glorioso y feliz que ha vivido la hinchada del Athletic en los últimos años.
Pero para llegar a ella quedan varios pasos por dar todavía. El camino está algo desbrozado por mor de un sorteo generoso, pero nada despejado. Que le pregunten, si no, a equipos como Villarreal, Racing o Real Sociedad, apeados de forma inopinada y sorprendente por Mirandés o Mallorca, el equipo que tendrá enfrente el Athletic mañana.
Sin embargo, los jugadores rono esconden en absoluto su ilusión por escribir un nuevo capítulo glorioso como aquél. "Somos conscientes de que estamos a las puertas de algo muy bonito, algo que hemos vivido en nuestras carnes hace poco y cuando lo recordamos se nos pone la piel de gallina", aseguró Javi Martínez.
Susaeta, por su lado, considera que el recuerdo de aquel Athletic-Barça les empujará en pos de la finalísima en lo que queda de competición: "Lo vivido por todos en aquella final de Mestalla también nos hace ponernos la pilas en esta competición, porque merece mucho la pena y queremos darle otra alegría a la afición", apuntó el de Eibar.
Peligro bermellón
Los futbolistas están muy confiados en sus posibilidades, pero son asimismo conscientes de las dificultades que aún les quedan por delante, la primera de ellas un Mallorca que ya supo frenar en Liga al Athletic en Son Moix más aún teniendo en cuenta el factor Caparrós, el conocimiento que el utrerano tiene de todos y cada uno de los que fueron sus futbolistas: "El vestuario es consciente de que lo vamos a tener muy difícil para pasar esta eliminatoria ante un buen equipo como el Mallorca, cuyo entrenador sabe jugar muy bien estos partidos", analizó Javi Martínez, quien cree que será un partido emotivo y que puede servir para continuar por la buena senda: "Todos tenemos ganas de seguir con esta inercia y más en unos cuartos de final que nos ilusionan muchísimo y con la vuelta del míster Caparrós. Estoy seguro de que va a ser especial para todos".
Ahora bien, a la hora de saltar al campo, Javi no se atreve a vaticinar cómo se plantará el equipo mallorquinista, pero sí está seguro de que el Athletic será el de siempre: "Yo sé el partido que vamos a hacer nosotros, que va a ser salir como siempre, meter mucho ritmo, tener la posesión, entrar por las bandas... Habrá que ver cómo salen ellos, si se echan atrás o presionan arriba. Lo único claro es cómo vamos a jugar nosotros. Son 180 minutos, sería importante viajar con ventaja, pero la eliminatoria se va a decidir allí. Tenemos que salir a marcar y que ellos no lo hagan".
Markel Susaeta, por su lado, reconoce que el Mallorca es un equipo a temer como ha demostrado en sus últimas actuaciones: "Ha hecho dos partidos muy serios esta semana, todos vimos lo que es capaz de hacer en la goleada a la Real Sociedad, contra el Real Madrid no mereció ni perder. Además, Caparrós nos conoce mucho y planteará un partido muy serio y difícil".
Movilización popular
Visto lo visto, la plantilla está absolutamente concienciada y con ganas de intentar repetir aquellos inolvidable meses que precedieron a la final de Mestalla, incluida la no menos recordada semifinal contra el Sevilla.
Entonces, Bilbao entero se volcó a la hora de apoyar al Athletic, protagonizando escenas de increíble pasión en los momentos previos al duelo ante el Sevilla en San Mamés. Por ello, y quizá animados por esos recuerdos, ya circulan en redes sociales algunas iniciativas tendentes a preparar desde ya el asalto a esta Copa. Algunos opinan que el mismo miércoles debería realizarse ya algún tipo de movilización de apoyo y ánimo a un equipo que quiere seguir instalado en la ola buena y tratará de dejar encaminado el pase a semifinales con un buen resultado ante el Mallorca.
Pero para llegar a ella quedan varios pasos por dar todavía. El camino está algo desbrozado por mor de un sorteo generoso, pero nada despejado. Que le pregunten, si no, a equipos como Villarreal, Racing o Real Sociedad, apeados de forma inopinada y sorprendente por Mirandés o Mallorca, el equipo que tendrá enfrente el Athletic mañana.
Sin embargo, los jugadores rono esconden en absoluto su ilusión por escribir un nuevo capítulo glorioso como aquél. "Somos conscientes de que estamos a las puertas de algo muy bonito, algo que hemos vivido en nuestras carnes hace poco y cuando lo recordamos se nos pone la piel de gallina", aseguró Javi Martínez.
Susaeta, por su lado, considera que el recuerdo de aquel Athletic-Barça les empujará en pos de la finalísima en lo que queda de competición: "Lo vivido por todos en aquella final de Mestalla también nos hace ponernos la pilas en esta competición, porque merece mucho la pena y queremos darle otra alegría a la afición", apuntó el de Eibar.
Peligro bermellón
Los futbolistas están muy confiados en sus posibilidades, pero son asimismo conscientes de las dificultades que aún les quedan por delante, la primera de ellas un Mallorca que ya supo frenar en Liga al Athletic en Son Moix más aún teniendo en cuenta el factor Caparrós, el conocimiento que el utrerano tiene de todos y cada uno de los que fueron sus futbolistas: "El vestuario es consciente de que lo vamos a tener muy difícil para pasar esta eliminatoria ante un buen equipo como el Mallorca, cuyo entrenador sabe jugar muy bien estos partidos", analizó Javi Martínez, quien cree que será un partido emotivo y que puede servir para continuar por la buena senda: "Todos tenemos ganas de seguir con esta inercia y más en unos cuartos de final que nos ilusionan muchísimo y con la vuelta del míster Caparrós. Estoy seguro de que va a ser especial para todos".
Ahora bien, a la hora de saltar al campo, Javi no se atreve a vaticinar cómo se plantará el equipo mallorquinista, pero sí está seguro de que el Athletic será el de siempre: "Yo sé el partido que vamos a hacer nosotros, que va a ser salir como siempre, meter mucho ritmo, tener la posesión, entrar por las bandas... Habrá que ver cómo salen ellos, si se echan atrás o presionan arriba. Lo único claro es cómo vamos a jugar nosotros. Son 180 minutos, sería importante viajar con ventaja, pero la eliminatoria se va a decidir allí. Tenemos que salir a marcar y que ellos no lo hagan".
Markel Susaeta, por su lado, reconoce que el Mallorca es un equipo a temer como ha demostrado en sus últimas actuaciones: "Ha hecho dos partidos muy serios esta semana, todos vimos lo que es capaz de hacer en la goleada a la Real Sociedad, contra el Real Madrid no mereció ni perder. Además, Caparrós nos conoce mucho y planteará un partido muy serio y difícil".
Movilización popular
Visto lo visto, la plantilla está absolutamente concienciada y con ganas de intentar repetir aquellos inolvidable meses que precedieron a la final de Mestalla, incluida la no menos recordada semifinal contra el Sevilla.
Entonces, Bilbao entero se volcó a la hora de apoyar al Athletic, protagonizando escenas de increíble pasión en los momentos previos al duelo ante el Sevilla en San Mamés. Por ello, y quizá animados por esos recuerdos, ya circulan en redes sociales algunas iniciativas tendentes a preparar desde ya el asalto a esta Copa. Algunos opinan que el mismo miércoles debería realizarse ya algún tipo de movilización de apoyo y ánimo a un equipo que quiere seguir instalado en la ola buena y tratará de dejar encaminado el pase a semifinales con un buen resultado ante el Mallorca.
Empezamos la aventura.
Bienvenidos/as a un nuevo blog, donde vamos a intentar explicaros las noticias del deporte mundial. Las noticias que más no llamen la atención, las más importantes. Y toda la actualidad del deporte.
En especial nos centraremos en la liga española, pero con un ojo en las otras ligas mundiales. Con datos, encuestas, comparaciones.
Poco a poco os mostraremos como hemos pensado desarrollar nuestra idea y juntos viviremos la emoción de cada victoria, cada empate y cada derrota.
Gracias y bienvenidos/as.
En especial nos centraremos en la liga española, pero con un ojo en las otras ligas mundiales. Con datos, encuestas, comparaciones.
Poco a poco os mostraremos como hemos pensado desarrollar nuestra idea y juntos viviremos la emoción de cada victoria, cada empate y cada derrota.
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